En Copiapó, las labores de remediación comienzan con un muestreo sistemático del terreno. El equipo ingresa con barrenos helicoidales y tubos Shelby para extraer testigos a profundidades que oscilan entre 0,5 y 6 metros. Las muestras se sellan al vacío y se transportan al laboratorio a temperatura controlada. Allí se realizan ensayos de pH, conductividad eléctrica, contenido de metales pesados e hidrocarburos totales. La caracterización inicial permite definir si se aplicará biorremediación, lavado de suelos o encapsulamiento. Para terrenos con arcillas expansivas o niveles freáticos someros, se complementa con un ensayo de permeabilidad en laboratorio que orienta la velocidad de infiltración de agentes correctores.

Los suelos de Copiapó heredan una carga histórica de relaves mineros que exige protocolos de remediación con monitoreo continuo durante al menos dos años hidrológicos.