Copiapó creció rápido durante el boom minero del siglo XIX, y esa expansión dejó un subsuelo complejo: túneles antiguos, canales de regadío y rellenos heterogéneos. Hoy, cualquier obra nueva —desde un edificio en el centro hasta una faena minera en Tierra Amarilla— requiere entender qué hay bajo la superficie sin romperla. El georradar GPR (Ground Penetrating Radar) permite mapear objetos enterrados, estratos y cavidades con ondas electromagnéticas, sin necesidad de excavar. Antes de perforar un sondaje o abrir una calicata, el GPR orienta la ubicación exacta de los puntos de exploración, reduciendo tiempos y riesgos. En Copiapó, donde el agua subterránea es escasa pero los rellenos artificiales abundan, esta técnica se vuelve indispensable para planificar una cimentación superficial segura o un estudio de mecánica de suelos eficiente.

En Copiapó, donde el agua subterránea es escasa pero los rellenos artificiales abundan, el GPR se vuelve indispensable para planificar una cimentación segura.