Copiapó creció junto a la minería y la agricultura, pero esa expansión urbana e industrial chocó con cerros de material coluvial y depósitos aluviales antiguos. El trazado de la Ruta 5 y los accesos a Tierra Amarilla cruzan laderas donde la meteorización ha dejado suelos residuales con pérdida de resistencia. En ese contexto, el monitoreo geotécnico de taludes mensual se volvió una práctica habitual para constructoras y faenas mineras que necesitan anticipar movimientos del terreno. Nuestro equipo instala inclinómetros y piezómetros, y correlaciona lecturas con el régimen de lluvias típico de la región, que concentra precipitaciones en invierno y puede saturar estratos superficiales de baja permeabilidad. Combinamos estas mediciones con un ensayo CPT cuando se requiere un perfil continuo de resistencia y con la clasificación de suelos para identificar horizontes problemáticos antes de que se activen.

En Copiapó un monitoreo mensual detecta desplazamientos milimétricos que, de no controlarse, pueden activar fallas rotacionales en laderas de material coluvial.