En una faena minera cerca de Tierra Amarilla, el equipo observó cómo un talud de 18 metros de altura comenzaba a fisurarse tras lluvias estivales. Allí se decidió intervenir con un diseño de estabilización de taludes que combinara drenaje profundo y pernos de anclaje. Antes de eso, fue clave realizar un ensayo SPT para medir la resistencia del estrato gravoso y una clasificación de suelos que identificara la fracción fina. Copiapó, con su geología de abanicos aluviales y depósitos de remoción en masa, exige soluciones a medida. Cada proyecto parte con un reconocimiento detallado del perfil estratigráfico, porque el comportamiento del macizo rocoso varía mucho entre el sector urbano y los faldeos precordilleranos.

Un talud aparentemente estable puede fallar en 24 horas si la presión de poros se incrementa durante una lluvia atípica en el desierto de Atacama.